pues dependerá ¿no?
vaya por delante que no he leído el libro, así que no se trata de una reseña ni nada similar, aunque creo que tiene que ver con la cantidad de síndromes y enfermedades de carácter mental que se van descubriendo en la sociedad de rápido consumo y rápida despersonalización y que se tratan con antidepresivos como uno se hincharía con M&M's, Lacasitos y demás.
Empiezo diciendo que creo que la filosofía y la psicología ayudan muchísimo, a encontrar el sentido de la vida no lo sé, pero a dar una orientación, desde luego. A comprender por qué pasan las cosas o como poco a aceptarlas (pongo religión dentro del mismo saco de filosofía), y luego según nos pasan cosas en nuestro camino, la reafirmamos, la cambiamos o la desechamos y vuelta a empezar.
Supongo que es que somos seres que queramos o no, buscamos un sentido y significado a lo que vivimos aquí, las injusticias, incoherencias, suerte etc que nos acontecen.
PERO, no siempre es así, o no completamente y totalmente se puede tomar uno las cosas con filosofía, psicoanalizarlas y desmenuzarlas u ofrecerse como víctima sacrificial. Hay algo más que va más allá de esas maravillosas y románticas (y falsas) frases de que la ansiedad o la depresión son señal de haber querido permanecer fuerte cuando todo se desmorona o te sientes hecho un moco humano blablablabla.
Pues no. Para ansiedad, depresión, SPM disfórico, ataques de pánico, trastornos bipolares y otro número de dolencias, sí, el tratamiento psicológico ayuda puesto que ayuda a cambiar el modo erróneo de pensar y percibir que se tenía y así barres una de las causas de estas enfermedades.
Pero se necesita más, porque hay algo ahí, y no es sólo el pensar "mal" lo que nos hace sufrir a los que sufrimos, o hemos sufrido alguna de estos problemas, y no es sólo la educación o la falta de filosofía o su mala aplicación.
Desgraciadamente, ese torbellino de sentimientos, esos picos agudos de euforia y esos bajones al mismísimo infierno -sí, es un infierno oscuro y agobiante de desesperanza y dolor, y más cuando arrastra a la gente que más quieres - muchas veces viene desencadenado o empeorado por un problema químico, tan simple (y complejo) como eso. Y las mujeres, las que tenemos muchos cambios químicos a lo largo de nuestra vida marcados por la biología, somos las que nos llevamos la palma de tratamientos.
Y ahí entra el Prozac o fluoxetina y otros antidepresivos.
Y gracias a Dios por ellos, podemos alcanzar una calidad de vida que nos estaba siendo negada - por ese click químico, por esa educación, por esa genética , pero no voy a entrar en culpas ni responsabilidades, pasa igual que pasa que unos son propensos a los resfriados y otros a dolores de estómago, unos rubios, otros morenos y otros se tiñen el pelo de rosa.
Es espantoso tener un bebé recién nacido y verlo sin sentir absolutamente nada por él, más que opresión, ansiedad, miedo, rabia, y ser incapaz de actuar ni atenderlo como realmente quieres, pero es demasiado, muy fuerte, muy poderosa la sensación de fracaso y el martilleo continuo de tu incapacidad en la cabeza, hasta que la única salida que se vislumbra es el fin, el llegar a no sentir nada y obtener la paz.
O estar estudiando con la presión de un futuro que nadie sabe, y lidiando con gente que alegre e inconscientemente - o adrede y con mala vaina ¿reflejo de su propia inseguridad y su propia falta de valor?? -te machaca porque llevas gafas, porque eres gordito o flaquito, se burlan de tí oni te ven, por conseguir un trabajo que nunca llega, porque no era todo tan fácil como parecía y vuelves a sentirte un fracaso como persona, porque si otros pueden ¿qué hay de malo en tí que te lo impide? ¿por qué no está ese trabajo? ¿por qué no están esos amigos?
Estar tendiendo la ropa o cocinando, y sentir que se caen las paredes encima de tí, y te falta el aire, que todo da vueltas y te estás muriendo y quieres que termine rápido
Estar explicando las vocales a tus hijos y ver que un error suyo (estúpido error ¿qué más da que una i la entienda por una o???) te hace saltar por los aires, gritar y lanzar cosas contra las paredes, golpear muebles o golpearte tu y sabes, sabes que cada mes te pasará y como lo sabes te sientes capaz de controlarlo, y lo haces, una o dos veces, pero de repente, zas, te da la zancadilla y se cuela ese Mr Hyde. Y vuelve la explosión, las lágrimas, el desespero...
Y tras semanas o meses, decides que ya no puedes más, que se acabó, que es realmente un infierno y ha de terminar, porque el amor que sientes por los que te rodean y te anclan, por tí mismo y tu dignidad como persona, acaba imponiéndose (¿gracias a Platón?) y aun sabiendo que está muy mal visto ir a un psicólogo o al médico (¿quien no tiene problemas en esta vida? ay, esos "de eso en mi tiempo no existía") decides que ese infierno ya fue bastante para tí y se acabó, que Platón, Buda, Jesús o Aristóteles están de perlas, pero hay algo más, y hay que darle en la cabeza al monstruo. Ese monstruo al que todo el mundo teme, y nadie quiere ver. Que estigmatiza a los que padecen. Pero qué narices, peor sería seguir como hasta entonces, y si no es algo de lo que sentirse orgulloso, al menos tampoco para fustigarse.
¿No se toman antibióticos para infecciones, paracetamol para el dolor? PUES ES LO MISMO.
Y en ello andamos, dándole en la cabeza al bicho, con un estupendo resultado
Sigue el miedo, siguen los enfados, sigue la duda y la ansiedad, la pena, y la tristeza, sentimientos humanos, pero ya no ganan la partida, no imposibilitan ni destruyen y se puede, se puede tener una vida normal, una vida feliz, la rabia o la ira ya no asumen esas proporciones apocalípticas, seguidas por unos remordimientos brutales y una tristeza mayor aún, ni esa euforia explosiva y energética sin orden ni concierto. Es más "normal", humano.
Así que según los casos, sí, Platón y Prozac.
Hacen buena pareja.